Cruz Salas El Artifice del Latón
Cruz
Salas, conocerlo es entender la pasión por el trabajo, es también entender que
el hombre con el querer y la constancia consigue muchas cosas. Este artífice
del latón y magnificador de la hojalata es un caroreño del pueblo que entregó
su vida a crear y remendar los taturos de muchas generaciones caroreñas.
En
su quehacer de latonero o ”tapa hoyos”, como lo llaman sus clientes, sacado de
apuros a muchos que día a día han acudido a su taller, con la esperanza de que
sus mágicas manos le devuelvan a sus objetos la vida útil que antes tenían.
Este
hombre de 78 años”y pico” posee un espíritu de servicio tan elevado que busca
siempre satisfacer con su imaginación
las necesidades más exigentes de quienes requieren de su utilidad. Por eso se
define como TODERO pues dice que nunca ha rechazado ningún trabajo. El que
viene aquí siempre consigue lo que busca.
Su
honradez es conocida por todos, ésta llega a tanto, que su taller se ha
convertido en un anticuario digno de cualquier exposición, con objetos que se
han quedado allí años tras años, con una plaquita troquelada para su
identificación que él mismo hace. Plancha de carburo: María de Riera, fecha de
ingreso 1920.
Se
encuentran en ese taller cachivaches que van desde máquinas de coser del siglo
pasado todas unas reliquias, planchas de carbón y gasolina blanca, pesos y
balanzas que pasan del siglo, todo esto dispuesto en un desorden colosal, que
sólo él entiende, además están en su taller todos los utensilios que como
artesano fabrica: cuqueros o moldes para hacer cucas y paledonias, lámparas de
vela y carburo que aún hoy hace, faroles coloniales, embudos de todos los
tamaños, lecheros para el ordeño, regadores de plantas y pare de contar. Todo
un mundo desquiciante de objetos que ya no encuentran espacio ni lugar en su
taller.
Su origen
Cruz
Salas nació en una aldea muy cerca de Carora, llamada El Algodonal. Viene de
una familia de jugadores de palo y machete y como él mismo dice, “eso de jugar
palo se lleva en la sangre”. Desde muy joven, según dice, aprendió a quitarse
del cuerpo hasta los palos que da la vida.
Se
viene a Carora zagaletón y comienza como ayudante de quien fuera su maestro en
el arte de la latonería, Ño Ramoncito Riera, me metí en este trabajo como un
intruso, a todo riesgo. Más bien me pagaban por enseñarme el oficio.
En
esa época sólo hacía lamparitas de cocina, cuqueros, exhibidores de comino para
las bodegas, pero luego que aprendió a hacerlos, montó su pequeño pero creativo
taller. Allí dice Cruz Salas, todo lo que le mandaban a hacer lo hacía tan bien
y con tanta destreza, que lo hacía como por arte de magia. Así comenzó a
fabricar canales de desagüe para las casas, se fue dando a conocer hasta tal
punto que casi todos los canales de las casas solariegas caroreñas, han sido
producto de su trabajo de años.
De cómo se va a los Menes
Cruz
Salas fue uno de los tantos soñadores caroreños que dejaron su tierra para irse
a Los Menes, a buscar la prosperidad efímera que brindaba el petróleo, eran
tantos los cuentos y corrillos sobre el auge petrolero, que estos lograron
sacudir el espíritu aventurero de Cruz Salas. Siempre buscando el trabajo y el
bienestar económico y aunque se fue con añoranza, el desengaño no lo hizo
esperar.
Después
de irse a Lagunillas a pie y durar cuatro días y tres noches de camino, el único
trabajo que consiguió fue de lavador de platos en un restaurante, además de las
diferencias del gusto culinario que afectaron mucho su paladar. Allí no se
conocían las caraotas ni el mondongo de chivo, ni la arepa pelá, sino los plátanos
y la yuca, todo esto terminó con las ansias de ponerse rico de la noche a la
mañana que una vez soñó Cruz Salas.
Fotógrafo dominguero
Cuando
regresa a Carora continúa trabajando en el taller de latonería, después del
trabajo aunque se sintiera cansado, se
exigía ir al cine4 a ver las películas de kla época.
Cruz
Salas se confiesa apasionado de la imagen. Fueron muchas las noches que pasé
fascinado frente a la pantalla del cine Salamanca de Carora. Algunos de los títulos que aún
recuerda Cruz Salas , son Perico Metralla y la Marca de los Dientes Blancos,
esta fascinación por la imagen lo lleva a alternar los oficios de latonería
toda la semana, con la fotografía los domingos.
Se
inicia con una cámara Kodak de fuelle con enfoque ajustable, que poseía un
laboratorio fotográfico dentro. Con ella tomaba las fotografías y luego, dentro de su caja negra, revelaba el
papel fotográfico dentro, para entregarla tres o cuatro minutos después; algo
así como una fotografía instantánea, pero mucho más complicada.
Cruz
Salas, en su camino como fotógrafo, tuvo el placer de hacerse amigo de Don Chío
Zubillaga. Chío era un cliente exigente y siempre que lo fotografiaba me pedía
su mejor ángulo, le gustaba posar leyendo o entre las flores del jardín de su
casa, todas estas poses eran escogidas por él, después de pensarlo.
Como
fotógrafo fue muy organizado, poseía todo un archivo de negativos fotográficos,
donde aún estaban niños los viejos hoy caroreños; pero los perdió en la inundación
que azotó a Carora en el año 72.
Pensó
dejar la latonería por la fotografía, pero evidentemente el latón pudo más que
la imagen.
Sus teorías de la vida
Cruz
Salas tiene varias teorías, como él las llama, o refranes que los han hecho
famoso entre la gente del pueblo, además de otros que ha aprendido de ellos
mismos y que utiliza en cualquier conversación. Estos pueden sorprender por su
simpleza o contradicción como el rea: “Pal frío hay que mecese, pal calor, hay
que arroparse” o “todo lo que sube baja” y “lo que va a salir se asoma”.
La
vida le ha enseñado que los refranes nacen del batallar diario, que a pesar de
lo simple que pueda ser un refrán, tiene algo de científico; por eso el placer
que siente en hacer sus propias teorías o repetir las que oyó cuando era niño.
He
aquí un hombre del pueblo, que ha hecho un nombre a fuerza de trabajo. Un
hombre que como artesano ha trascendido al nombre despectivo de “tapa hoyos”,
dándole realeza al oficio de latonero.
Transcripción:
William Villanueva.- Cronista Oficial de Aregue.
Créditos:
Cheo Querales. Diario El Informador.




